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Comencem la Setmana de la Protecció Infantil
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Massive Dynamic has over 10 years of experience in Design. We take pride in delivering Intelligent Designs and Engaging Experiences for clients all over the World.

La nostra organització està compromesa amb la protecció i el benestar dels infants i joves sense suport familiar. Segons els Drets de l’Infant, els infants han de tenir una protecció especial en cas de no poder viure amb la seva família. A més, tenen el dret de ser protegits en cas de maltractament.

Per treballar la temàtica de la protecció infantil amb els infants i joves d'Aldees Infantils SOS hem organitzat un seguit d'activitats al llarg de la setmana de la Protecció Infantil. Hem donat al tret de sortida a les activitats amb un concurs de relats aprofitant que era Sant Jordi.

Aquesta activitat ens ha donat la possibilitat de tractar el tema de la protecció infantil d'una manera participativa mentre fomentem l'escriptura i la creativitat.

Als infants i joves els fa molta il·lusió compartir amb vosaltres els seus relats.

Esperem que els gaudiu molt.

“DE CÓMO LOS ANIMALES SOLUCIONABAN SUS PROBLEMAS
Por Luna Wocobi
Hace muchos, muchos años, en el tiempo en que los animales hablaban, solían reunirse en un claro del bosque para solucionar sus problemas.
(Bueno, en realidad, a día de hoy, los animales aún saben “hablar, pero en un idioma muy sutil que sólo los niños y niñas y muy pocos adulños(*) y adulñas(*) pueden entender)
*adulños/adulñas: dícese del ser humano adulto que aunque haya cumplido de dos a tres cifras no ha dejado de ser niño/a.
El claro del bosque no era un sitio cualquiera. Era un espacio mágico protegido por doce pinos altísimos dispuestos en círculo, donde todos los animales se sentían seguros y queridos. Y es que había una ley muy antigua, escrita en el viento y aceptada por todos, que establecía que en ese lugar nadie podía hacer daño a nadie. Ni los leones, ni las serpientes, ni los cocodrilos. NADIE…
Tener una zona tranquila, segura y predecible lo hacía todo más fácil. Y el claro del bosque era un lugar de paz donde todos se sentían a salvo: los conejos podían asomarse y salir sin miedo de sus madrigueras; las lombrices no se quemaban con el sol; los pumas ya no atacaban porque se sentían felices y sin hambre; los peces podían respirar aunque no tuvieran agua ni nariz, los perros y los gatos se juntaban allí a jugar al pilla pilla y los camaleones no tenían la obligación de camuflarse todo el tiempo, porque ahí no había peligro alguno de mostrarse tal y como eran, ¿me entiendes?
Total que si los problemas eran pequeños, normalmente se reunían allí los animalitos implicados acompañados por alguien que les conociera muy pero que muy bien. Podía ser un amigo/a, un hermano/a, un abuelo, educador o un profe o un entrenador (pues sí, los animales también tenían entrenadores, profes y educadores). Daba igual si la/el acompañante era gorda/o o flaca/o, alta/o o baja/o, con pelo o sin pelo, con pezuñas o aletas, con cresta, melena, crines o plumas o…. Vaya, que todo eso daba igual. Lo más importante era que supiera respirar muy profundo, y que pudiera ayudar a respirar al
animalito o animalote que andaba preocupado con su problema pequeño ¿sabes lo que te digo?
Hacían algo parecido a esto -hazlo conmigo-: inspira por la nariz, aguanta contando hasta ocho con los dedos: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho y fuuuuuuuuu, suelta por la boca y descansa… Así hasta veintidós veces.
Porque de eso se trataba la resolución de los problemas pequeños, de respirar el mismo aire, de mirarse a los ojos y conseguir expresar con tranquilidad el problema hasta que se hiciera cada vez más pequeñito y desapareciera. Si después de respirar juntos veintidós veces el problema no se resolvía, entonces había que considerarlo un problema mediano.
Cuando los animales tenían problemas medianos, los resolvían igual que los pequeños, pero además de saber respirar había que saber escuchar sin interrumpir. Y eso era algo muy pero muy difícil, especialmente para los gallos, los monos y los loros…
Antes de hacer cualquier otra cosa, había que echar a suertes quien de los dos o más animalitos iba a hablar primero y para eso usaban el “método de la pluma” que consistía en soplar una pluma de gorrión lo más lejos que se pudiera. El que consiguiera hacerla llegar a mayor distancia usando una sola bocanada de aire, era quien tenía el privilegio de empezar a hablar. Como puedes imaginar, el elefante y el oso hormiguero ganaban siempre por puro morro.
Una vez decidido quien comenzaba a exponer su preocupación, rabia, tristeza o enfado, el animal que hablaba debía hacerlo en voz muy bajita, mientras que el otro debía permanecer en silencio, escuchando con atención y poniendo su patita –o pezuña, o aleta, o lo que fuera- en el pecho de su adversario de tal forma que pudiera sentir el latido de su corazón. Porque resolver un problema mediano era eso: escuchar no sólo las palabras, sino el latido del corazón del otro animalito o animalote. Tum, tum, tum. Tic, tac, tic, tac. Pum, pum. Ta, tam, ta, tam. Po, pom, po, pom. Cada latido era único y especial. Y siempre tenía algo importante que contar.
Sin embargo, aunque parece muy bonito decirlo, en realidad no era tan sencillo de hacer. Porque imagínate que eras una jirafa y discutías con una hormiga. Pues eso, a ver cómo hacías para escuchar su corazón. Había que ser muy pero que muy flexible. Y no todos los animales lo eran. Resolver problemas siempre supone un pequeño, mediano o gran esfuerzo. Según el tamaño del problema, claro.
¿Y cómo sigue la historia de los problemas medianos? Pues que sólo cuando el latido de quien exponía su problema se hacía suave como las olas de un mar en calma, podían cambiar de turno. Primero hablaba uno y el otro escuchaba y después de un rato ¡cambio de papeles!
A menudo casi todos los problemas medianos se resolvían rápidamente, porque los animales al escuchar el latido de sus corazones, se quedaban profundamente dormidos y soñaban con todos esos juegos que podían compartir y disfrutar de no andar amargados y peleando. Al despertar se sentían tan a gusto que se les olvidaba el porqué de haberse enfadado. Entonces ellos y sus acompañantes marchaban a casa contentos y abrazados, buscando un buen sitio donde compartir la merienda…
¿Y los problemas gigantes?, seguro estarás pensando. Bueno, tengo que contarte la verdad: los animales no siempre tenían problemas pequeños o medianos. A veces, los problemas eran tan pero tan grandes que ya no era suficiente con respirar, ni bastaba con escuchar sin interrumpir o sintiendo el latido del corazón del otro…
Si los problemas eran grandes, o muy grandes, o de tamaño XXXXXL había que dar un paso más. Era el momento de pedir ayuda a alguien más sabio y más fuerte, alguien capaz de resolver las situaciones con justicia y calma. Había llegado la hora de ir a buscar a los únicos seres capaces de resolver los asuntos más serios, ¿imaginas quiénes eran?
Pistas: no eran Papa Noel y sus renos, no eran los Reyes Magos, ni Naruto e Hinata, ni las Hadas del Bosque ni los influencers ni los youtubers, ni los gamers… ¡Ja! ¿Te rindes?
Pues eran ni más ni menos que los Caballos Maestros de la Montaña Invisible…eran ocho en total, todos salvajes, todos libres, todos sabios, sensibles y felices.
Vivían en lo alto de una montaña invisible que les protegía de cazadores furtivos y personas que buscaban domesticarlos -bueno, también había otros que querían eliminarlos, más adelante sabrás el motivo. No quisiera hacer spoiler-.
Dos frisones, una yegua cruzada, un potro árabe, una percherona, un cuarto de milla, una “medicine hat” (si no sabes que raza de caballo es, pregunta a alguien que entienda mucho de caballos y te lo dirá). Los guiaba una yegua appaloosa anciana y pequeñita, tan pero tan sabia que hablaba todos los idiomas del mundo y eso le permitía comunicarse con otros animales, humanos, plantas y minerales…
¿Quieres saber entonces como ayudaban los Caballos Maestros al resto de animales a resolver sus problemas más complicados?
Pues verás, cuando los animales tenían un problema grave iban al claro del bosque (pero esta vez iban solos, sin acompañantes). Entonces, respiraban profundo, escuchaban el latido de su propio corazón y decían su problema en voz alta y pausada por tres veces.
Si después de hacerlo llegaban a la conclusión de que el problema era una tontería, o una rabieta pasajera o un ataque de importancia, se daban media vuelta y marchaban a casa.
En cambio, si sentían un aguijón en el centro de su tripa y notaban que su preocupación no pasaba y que era imposible de olvidar porque era grave, grave, grave de verdad, entonces se sentaban en el centro del círculo y esperaban a que los caballos bajaran de su montaña. Porque ellos siempre respondían a la llamada de alguien que pedía ayuda.
Cuando los Caballos Maestros bajaban al claro del bosque rodeaban al animalito que estaba en problemas de una manera respetuosa, firme y protectora. Entonces juntaban todos sus cabezas y respiraban acompasados sobre la cabeza del animal que les pedía ayuda. En ese instante, la yegua anciana y pequeñita que entendía todos los idiomas del mundo, recibía la preocupación del animal y la envolvía en una hoja de helecho gigante, y se la llevaba con la promesa de encontrar muy pronto una solución justa y acertada. Y así lo hacía cumpliendo siempre con su palabra.
No hubo jamás ningún animalito que quedara sin ayuda, sin orientación o sin respuesta a sus problemas súper gordos.
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Ah!, me olvidaba! No todo podía ser tan fácil y sencillo…Espera. Hay una parte un poco complicada en esta historia…

Cuenta la leyenda que una culebra quejica, algo sorda y cotilla junto con su mejor amigo, un topo ciego, rubio y gruñón, se colaron una noche en una de esas ceremonias de resolución de problemas…y como no entendieron mucho lo que allí se decía ni tampoco veían muy bien desde su escondite la danza de los caballos, hicieron “corta y pega” de lo poco que pudieron ver y escuchar entre los dos.

Al bajar a la ciudad contaron que en el claro del bosque había unos caballos malvados que hacían daño a los animales y que cada tanto bajaban a molestar o a devorar a alguno. Y que, menos mal que ellos, “los héroes del cuento”, se habían dado cuenta del daño que hacían estos caballos tan malos, y que era urgente organizarse para eliminarlos… y, bla, bla, bla, bla, bla.

Algunos humanos les creyeron -los humanos son menos intuitivos, recuérdalo-. Pero como los animales eran sabios por naturaleza, no hicieron caso de las fantasías de los dos animalitos despistados, sabiendo que el tiempo se encargaría de poner a cada uno en su lugar. Tal vez en algún momento, los Caballos Maestros terminarían por ayudarles también a ellos a ver las cosas claras o a escuchar un poco mejor el latido del corazón ajeno, ¿no te parece?

¿Quieres saber más cosas de los Caballos Maestros y de la vez que los cachorros de animales hicieron “huelga de hijos” y fueron a pedirles ayuda?

Si la respuesta es sí, en otro cuento te lo cuento…
EL CONTE DE LA MARIA

Era una familia que vivía en un pueblo pequeño pero muy bonito, todo era maravilloso y eran muy felices. Todo estaba limpio y cuidado y lo mejor era que todos los habitantes se respetaban. Sus calles eran amplias y limpias y todo estaba muy cuidado.
Un día María, la protagonista de este cuento, y su familia decidieron ir de viaje al pueblo de al lado que salía mucho por televisión, pero no se podían imaginar cómo sería su llegada y su estancia en él. 
Madrugaron para salir pronto y llegar pronto y fueron camino al pueblo salía en los anuncios de TV.
-Qué pena- pensó María cuando se bajó del autobús. No les gustó nada el ambiente que veían, ni la olor fuerte a contaminación, era un ambiente sucio y perjudicial para el cuerpo. 
Nada más bajar del autobús María tropezó con un señor que con malas formas se dirigió a ella enfurecido y le dijo: -¡Mira por dónde vas, niñata!
María no sabía porque ese señor mayor le hablaba de esa manera si no había hecho nada de malo.
Caída la tarde fueron a comer a un bar del centro del pueblo y todo era frito y nada natural y sus dueños tenían mal humor.
Le dije a mi mamá que no entendía porque la gente de ese pueblo eran raros y decidí hablar con el jefe del pueblo para que fuera un pueblo como el mío.
Yo le dije al jefe que intentaríamos conseguirlo y fue así como lo intentamos hacer.
Así que María se iba cada mañana al ayuntamiento del pueblo y decía por el altavoz lo que tenían que hacer sus habitantes: como ser limpios, cuidar las cosas y sobre todo ser respetuosos con los animales y las personas. 
Fue así como en una semana pasó de ser un pueblo gris a tener color y sus habitantes empezaron a encontrarse mejor siendo mejores personas.
Al cabo del mes María volvió a su pueblo con la satisfacción de haber salvado un gran pueblo y le había dado color al pueblo y a sus habitantes.
EL RELAT DEL JAVI

Te das cuenta de que nada es imposible. Que la realidad de la vida te marca ciertas pautas y que uno huye con el rencor del cual se acecha a tiempos pasados. Por dentro sientes ese delirio causado por el temor, la angustia y la soberbia del qué pasará. Te marca un recuerdo que irrumpe tu bienestar interior y nada es tan cruel como desesperante el vínculo que corre por tus venas. Sangre maligna y espesa como el odio que llevas dentro. Todo fluye, todo deshecho cae, todo mal tendrá su karma. La sabiduría sirve para muchas cosas, entre ellas, olvidar el pasado. No intentes huir por miedo al fracaso o al qué dirán, sé tú mismo, con tus virtudes y defectos. Con esas ganas de comerte el mundo y luchar por tus derechos, ¡los tienes! No bajes la cabeza por nada, mantén siempre tus ideales y que nadie te impida ser feliz. La vida te llena de sorpresas, de momentos buenos y no tan buenos, pero de un modo u otro, la realidad te la construyes tú. A veces creemos que no hay salida y que no encontramos el camino correcto y estamos muy equivocados respecto a eso. Si uno quiere, puede alcanzar sus metas y realizar todo lo que desee. Por desgracia ahora estamos viviendo una masacre por la guerra que hay entre Rusia contra Ucrania. Una catástrofe cuyas bombas están matando a miles de personas inocentes entre las que se encuentran mujeres embarazadas, niños y personas mayores. Están huyendo del país como pueden para refugiarse y salvar sus vidas. Cuando ves tantas muertes, tantos destrozos y vidas que se van apagando, te vas quedando sin aliento y sientes una gran impotencia. Nada es perfecto en este mundo, lo único que nos queda es levantarnos y seguir adelante. Recordemos que por muy oscura que se vea la vida, no veamos salida porque estamos impotentes ante tal desgracia, llegará un día en el que veamos la luz. Es cierto que hay momentos en los que quisieras estar solo, que te sientes impotente porque no sabes que hacer, mejorará y venceremos esta guerra. A todos vosotros, que estáis luchando contra viento y marea para salir de esta situación tan amarga y dura, no os rindáis ante nada. Coger fuerzas y demostrarle al mundo que no hay obstáculo que os impida volver a la normalidad. Hay situaciones en las que debemos ser partidarios y solidarizarnos con todas aquellas personas que necesitan ayuda. Da igual color, raza, etnia, religión…todos somos iguales y nadie debe ser discriminado. ¿Qué me pasa? Pregunto yo, tanto quiero comprender a los demás, que olvide comprenderme a mí mismo. Creo que llegó la etapa en que los “experimentos” que observé mucho tiempo me atraparon en un mar de sentimientos con marea baja. Un hijo le dice a su madre: “quiero contarte que soy gay y que estoy saliendo con un chico del cual me he enamorado”. En ese momento se quedaron unos segundos en silencio, ninguno de los dos sabían que decir. El hijo estaba cabizbajo, con miedo al ver la reacción de su madre… la madre se volteó hacia él y le dijo: “querido hijo: ¿tú eres feliz? Y él, con una sonrisa le respondió: sí mamá, soy muy feliz y ahora mucho más al habértelo contado. Pero además no es solo eso, es que descubrí que realmente las mujeres no me gustan. Lo intenté, pero no me atraían. Realmente, muy dentro de mí, sé que estaría genial experimentar cosas nuevas, sentimientos incomprensibles que lloramos de emoción. Bueno, hasta aquí mis pequeños pensamientos que me han ido viniendo a la mente y no quiero dejar pasar una cosa: PROTEJAMOS SIEMPRE A LOS NIÑOS, LOS JÓVENES Y A LAS PERSONAS MAYORES.